La iluminación es la decisión que más se deja para el final y la que más depende de haberla tomado al principio: cuando los techos están cerrados, ya no hay cableado que valga.
Tres capas de luz
General para ver, de tarea para trabajar (encimera, escritorio, espejo) y de ambiente para las noches. Una sola lámpara central no cubre ninguna de las tres bien.
Circuitos separados
Que cada capa tenga su interruptor. Es una decisión de obra, no de decoración: implica cableado. Añadir regulación en los circuitos principales también se decide ahora.
Temperatura de color
Tonos cálidos en zonas de estar y dormitorios, más neutros en cocina y baño para tareas. Mezclar temperaturas dentro de la misma estancia se nota y molesta.
Lo que hay que prever aunque no lo instales
Dejar cableado y cajas de registro para futuros puntos cuesta poco en obra y evita rozas después.
El plano de iluminación
Se dibuja sobre la distribución de mobiliario definitiva, marcando cada punto de luz, cada mecanismo y qué circuito lo controla. Sin ese plano, la instalación se improvisa en obra y siempre falta un punto donde hace falta.
Es un documento sencillo que cualquier electricista agradece recibir.
Deslumbramiento y colocación
Un foco mal situado deslumbra desde el sofá o proyecta la sombra de quien cocina sobre la encimera. La posición se decide pensando desde dónde se mira y dónde se trabaja, no por simetría en el techo.
Es el error más común y el más difícil de corregir una vez cerrados los techos.
Regulación
Poder atenuar la luz cambia el uso de un salón por la noche. Requiere mecanismos y luminarias compatibles, y decidirlo en obra.
Añadir regulación después obliga a sustituir mecanismos y a veces también las lámparas.
Iluminación exterior y de seguridad
Terrazas, accesos y escaleras interiores agradecen puntos de luz previstos. Y una baliza tenue en el recorrido nocturno evita encender la luz general de madrugada.
Son detalles de bajo coste que solo se pueden dejar previstos durante la obra.
Cantidad de luz y calidad de luz
Son dos cosas distintas y se confunden a menudo. La cantidad depende de la potencia y del número de puntos; la calidad, de cómo reproduce los colores, de si deslumbra y de la temperatura elegida. Una estancia puede tener luz de sobra y resultar incómoda si esa luz es fría, uniforme y proyecta sombras duras.
Al elegir luminarias conviene mirar el índice de reproducción cromática además de los lúmenes: es lo que hace que la comida, la ropa y la madera se vean con su color real en lugar de apagados.
Errores clásicos que se cometen en obra
Colocar los focos simétricos en el techo sin mirar dónde estará el mobiliario, con el resultado de que la mesa queda mal iluminada y el pasillo brillante. Olvidar el punto de luz sobre la encimera. Poner un único interruptor para todo el salón. Y dejar la iluminación del espejo del baño para el final, cuando ya no hay cableado.
Los cuatro se evitan con un plano de iluminación hecho sobre la distribución real de muebles, antes de que el electricista empiece a rozar.
Iluminación y consumo
La tecnología LED ha reducido tanto el consumo del alumbrado que la decisión ya no debería tomarse por ahorro sino por confort. Merece más la pena invertir en buenas luminarias y en una distribución correcta que en ahorrar unos vatios.
Lo que sí ahorra de verdad es poder encender solo lo necesario: circuitos separados y regulación. De nuevo, decisiones de obra que después no se pueden añadir sin abrir el techo.
Preguntas frecuentes
¿Focos empotrados o superficie?
Los empotrados exigen falso techo o rebaje. Si no hay altura, hay soluciones de superficie de perfil bajo.
¿Cuántos puntos hacen falta?
Depende de la superficie, del color de los acabados y del uso. Se calcula por estancia, no por regla general.
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